Diario de un poeta recién casado
Diario de un poeta recién casado (1916): Se escribe durante el viaje que Juan Ramón realiza a EE.UU. para casarse con Zenobia. Salió de Madrid el 20 de enero de 1916 y volvió con su esposa el 1 de julio de 1916. Escribió algo del libro entre Madrid y Cádiz, y la mayor parte en América o en el mar. En esta obra se mezcla el verso y la prosa. Está dividido en seis partes: “Hacia el mar”, “El amor en el mar”, “América del este”, “Mar de retorno”, “España” y “Recuerdos de América del este”. Todas estas divisiones contienen composiciones en prosa, pero son en las secciones III y IV las que interesan en cuanto a la prosa especialmente en este estudio. De la importancia fundamental de esta obra nadie duda. El autor mismo lo declara su mejor libro e insiste sobre los problemas claves de él, que son los del cielo, amor y mar. Refleja la repugnancia de Juan Ramón ante los aspectos del Nuevo Mundo y entre ellos, el que le causa una mayor aversión, es la comercialización que han traído consigo los anuncios “más espantosos que los túneles, o que el humo, o que los rascacielos”. El ruido de Nueva York es tan elevado que ni siquiera puede oír el estallido de un trueno. Es tan ensordecedora la cacofonía del hombre, que ahoga los sonidos más impresionantes de la naturaleza. Igual que le ocurre a la vista y a los sonidos, los olores también son ofensivos y sirven para recordar el desagradable mundo de Nueva York. Hay olores artificiales de comercialización, olores a pobreza y miseria... Otra fuente de horror para el poeta es la enormidad de la ciudad y a menudo dramatiza la inmensidad de Nueva York con un detalle que refleja una diferencia cultural: el tamaño relativo de las iglesias. La reacción del poeta ante Nueva York tiene un tono burlesco y ridiculizador, casi caricaturesco. Aunque hemos presentado una visión casi ininterrumpida del desagrado y de la repugnancia que siente J.R.J. por Nueva York, ahora, a modo de contraste, para mejor destacar la sensibilidad de “El Andaluz Universal”, dejemos de lado las impresiones satíricas y decir también que hay momentos en la obra en los que J.R.J. se siente reconfortado y aliviado por el contacto con los elementos de la naturaleza que le son familiares: una flor, un árbol solitario, una puesta de sol... Una vez que se encuentra fuera de Nueva York, en el mar y en España, el poeta da muestras de recobrar su intimidad con el mundo natural que le rodea, y expresa el alivio y la alegría que siente al retornar a su tierra natal. En la última sección de esta obra, encontramos que el horror inicial hacia la gran ciudad ha desaparecido, pero otras facetas de su reacción, el humor y la ironía, han sido reemplazadas por caricaturas mordaces y por un total desdén hacia la hipocresía, la falsedad y el mal gusto, dondequiera que se encuentren y se hace una especial crítica a los clubs.
 
Platero y yo

Platero y yo (1907-1916): La inspiración y el material del libro se derivan de los años en los que el poeta residió en el pueblo andaluz donde había nacido. En él ha llegado a la madurez artística y pone fin al primer período de su prosa poética creando una obra maestra. Destaca por su unidad y coherencia interior, lograda por el ambiente constante de Moguer, por sus dos protagonistas principales (Platero y su amo) y por su elaboración especial de las estaciones del año. Aquí vemos que el mundo simbolista de sus primeras obras en prosa cede el paso al mundo natural del borrico y su dueño, un mundo concreto de gentes y cosas. Su interés principal se centra sobre la interacción del hombre con su medio natural. Se tratan muchos temas: el carácter transitorio de la vida, la mortalidad, la naturaleza, la violencia, la fealdad, la crueldad… que reflejan la nueva preocupación del autor por los aspectos desagradables de la realidad social, por la miseria del hombre y por su crueldad con los animales y los otros hombres. Todo esto aparece en contraposición con la ternura y la bondad que se despliegan en el mundo natural del borrico y su dueño.

Es, sin duda alguna, la obra más conocida de J.R.J. y por ello ha sido traducida a numerosos idiomas. Como muestra aquí ofrecemos las cubiertas de algunos de los ejemplares más significativos y curiosos:

 
Baladas para después
Baladas para después : Contiene la selección más importante de las Primeras Prosas. Es la sección mayor con 89 poemas en prosa, y son los que están desarrollados de una manera más consistente y acertada en los primeros textos. Aquí, las tendencias modernistas alcanzan su expresión más desarrollada. Que es un estilo de transición, lo prueba el hecho de que ciertos elementos expresivos están dispuestos dentro de una distinta visión del mundo, más coherente, que refleja los rasgos de una mentalidad simbolista. El poeta ha disminuido el fuerte sentimiento de la muerte de textos anteriores y lo ha reemplazado por una preocupación más general por lo temporal y por la tristeza que acompaña a dicha preocupación.
 
Palabras románticas
Palabras románticas (1906- 1912): Las narraciones cortas y las anécdotas que surgen ocasionalmente están reducidas a simples impresiones. La emoción se contiene y, aunque quedan retazos, ya ha desaparecido el sentimentalismo lloroso y excesivo propio del Romanticismo. Tienen influencia modernista que se aprecia en la preocupación por el color, la musicalidad y los elementos románticos. Encuentra su inspiración en Moguer. Aparece el tema de la muerte pero no como una vaga melancolía que nace de saber que todos vamos a morir más tarde o más temprano, sino como un terror total que surge de la propia sensación de mortalidad del poeta.
 
Prosas varias
Prosas varias (1898-1903): Revela la constante nostalgia del poeta por su niñez perdida, o por una felicidad desconocida que parece haberle esquivado. La enfermedad y la tristeza llenan estas primeras páginas. Refleja los primeros esfuerzos juveniles de J.R.J. hacia una expresión poética en prosa. El sentimentalismo del Romanticismo lo inunda todo; las emociones son pueriles y superficiales; la expresión es tímida y convencional. El estilo, igual que su autor, aún no ha madurado, y refleja la lucha del poeta para expresarse al mundo que le rodea, pero también refleja la herencia de una tradición literaria.
 
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